Madrugada de caminata y escalada... el Gran Carihuairazo
Llegar el día anterior al campamento fue una gran idea. Armar las carpas y preparar todo para estar cómodos fue un trabajo bien logrado en equipo. Debíamos cenar temprano así que en las cocinas se podía ver todo tipo de comida, de platos, de utensilios, sobre todo los de Julie quien es muy práctica y creativa para la cocina.
Dormir bajo el Chimborazo, el cielo lleno de estrellas y una bella luna llena no tienen un precio que pueda ser recompensado. Las carpas y la deliciosa comida fueron la mejor antesala para la despertada a las 3 de la mañana para conocer el pedregoso y nevado Carihuairazo.
Tres guías tuvieron el gusto de acompañar a los Topitos en este ascenso que comenzó con poca obscuridad, ya que la luna llena hacía un gran trabajo siendo el farol guía, las linternas personales también apoyaron por un camino completamente desconocido antes de llegar a las faldas.
Nunca antes habíamos visto tanta roca junta de tantos tamaños y colores. Por varias horas ese era el paisaje a la vista, a veces esperanzados y otras muy cansados. A lo lejos se divisaba una caída importante de nieve, ese era el sitio a pasar antes de llegar a la cumbre. Llevamos equipo de nieve como crampones, sin embargo, no fue necesario usarlos, la nieve era estable.
Al llegar al fin de la nieve tomamos un descanso para prepararnos con todo el equipo necesario porque lo que venía sí que era fuerte. Hicimos cordadas de cuatro personas y el trabajo en equipo volvió a entrar en acción, debíamos subir juntos, si alguien se caía todos los esperábamos, si alguien se retrasaba le dábamos ánimos para seguir subiendo, éramos una pequeña manada de apoyo.
Resbalones, caídas en la arena o en la piedra, rocas resbalosas y sueltas nos tenían concentrados en seguir subiendo, el ánimo no decaía, pero el sol ya comenzó a hacer su efecto.
La última parte previo a llegar a uno de los picos -a criterio del servidor que escribe- fue uno de los más divertidos que se ha hecho, escalar en cordada requiere una entrega total y de concentración importante porque cada paso coordinado ayuda a todo el equipo y el paso mal dado lo retrasa.
La foto de todos en la cima siempre es el anhelo importante de tener al llegar, es el recuerdo y la constancia de estar en el lugar sagrado conquistado. Contemplar estar cerca del cielo es una sensación única, poder mirar de frente al Chimborazo y revisar el camino recorrido detrás es la certeza de haber crecido y conquistado un nuevo sueño.
El regreso no fue menos divertido, de hecho, fue engañoso porque parecía más corto de lo pensado, extensos pajonales que pareciera que no los hubiéramos visto antes eran la vista del regreso. Un camino de tierra con pisadas que no se reconocían como las nuestras eran la añoranza de recostarse en la carpa al menos por unos minutos.
También hubo un perdido, pero encontró el regreso para fortuna de todos, aunque con un poco de retraso. Desarmar el campamento es un poco triste porque se desarma una casa temporal, un hogar temporal. El bus de regreso nos llevó a la mayoría dormidos escuchando un set musical que hizo un recorrido de varios artistas, géneros y épocas.
¡Gracias Carihuairazo!
Al llegar al fin de la nieve tomamos un descanso para prepararnos con todo el equipo necesario porque lo que venía sí que era fuerte. Hicimos cordadas de cuatro personas y el trabajo en equipo volvió a entrar en acción, debíamos subir juntos, si alguien se caía todos los esperábamos, si alguien se retrasaba le dábamos ánimos para seguir subiendo, éramos una pequeña manada de apoyo.
Resbalones, caídas en la arena o en la piedra, rocas resbalosas y sueltas nos tenían concentrados en seguir subiendo, el ánimo no decaía, pero el sol ya comenzó a hacer su efecto.
La última parte previo a llegar a uno de los picos -a criterio del servidor que escribe- fue uno de los más divertidos que se ha hecho, escalar en cordada requiere una entrega total y de concentración importante porque cada paso coordinado ayuda a todo el equipo y el paso mal dado lo retrasa.
La foto de todos en la cima siempre es el anhelo importante de tener al llegar, es el recuerdo y la constancia de estar en el lugar sagrado conquistado. Contemplar estar cerca del cielo es una sensación única, poder mirar de frente al Chimborazo y revisar el camino recorrido detrás es la certeza de haber crecido y conquistado un nuevo sueño.
El regreso no fue menos divertido, de hecho, fue engañoso porque parecía más corto de lo pensado, extensos pajonales que pareciera que no los hubiéramos visto antes eran la vista del regreso. Un camino de tierra con pisadas que no se reconocían como las nuestras eran la añoranza de recostarse en la carpa al menos por unos minutos.
También hubo un perdido, pero encontró el regreso para fortuna de todos, aunque con un poco de retraso. Desarmar el campamento es un poco triste porque se desarma una casa temporal, un hogar temporal. El bus de regreso nos llevó a la mayoría dormidos escuchando un set musical que hizo un recorrido de varios artistas, géneros y épocas.
¡Gracias Carihuairazo!


















































































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